Una cosa es que te vean hermosa, y otra que te sientan hermosa, que te amen de verdad.
La gente mira lo que quiere ver, y no le interesa si es real o no. Se queda con su mirada, con su prejuicio. Si te ven como una histérica, van a tratarte como una histérica, aunque en realidad tal vez estés confundida. La mirada de los otros puede ser muy cruel a veces, y muy ciega.
La mirada de los demás es todo, y los otros no te ven a vos, ven lo que piensan de vos. La mirada de los otros tiene sonido, voces, susurros… no se puede escapar a lo que ven de nosotros.
Todo se trata de cómo nos ven, y como vemos a los demás. Quedamos atrapados en esa mirada, inmóviles, fijados en lo que creemos que vemos, confiando más en nuestro prejuicio que en nuestros ojos.
Dicen que “la primera impresión es la que cuenta”, pero también que “lo esencial es invisible a los ojos”…
No me llamo Luisa porque nunca tengo prisa
No me llamo Rocío porque nunca tengo frio
No me llamo Lorena ni tampoco Macarena , tampoco Macarena
No me llamo Paola porque nunca juego sola
No me llamo Isabel porque no juego al ajedrez
Yo me llamo Maria (Maria!) y juego to los dias
Yo tengo mi pon pon pon pon pon pon pon pon
No me llamo Carlota no me gustan las sotas
No me llamo Yanira porque siemPre ME TIRAS
No me llamo Remedios ni tampoco Juan y Medio
Tampoco Juan y medio
No me llamo Saray aunque sea un nombre guay
No me llamo Azucena porque juego en la arena
Yo me llamo Maria (Maria!) y juego to los dias
Yo tengo mi pon pon pon pon pon pon pon pon
yo me llamo maria y juego to los dias
yo tengo mi pon pon pon pon pon pon pon po